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My “Summer Paradise”

Hi everybody! How are we doing? Tengo que pedir disculpas por no haber escrito desde hace tanto tiempo, la verdad es que he estado… “ocupado”. Bueno, he estado pasando un verano impresionante en el pueblo con mi familia y amigos.

Llevaba muchísimo tiempo queriendo escribir este post porque desde que estoy trabajando en Inglaterra, las vueltas a casa en verano son mágicas e inolvidables; los reencuentros con mi familia y amigos, las despedidas, las vueltas en coche por el pueblo, la comida de mi madre, el calor (muuuuucho calor, qué placer), el español mal hablado y esa ilusión por disfrutar esos dos meses que tengo antes de volver a Inglaterra es lo que me da la ilusión para vivir todo a tope.

Cada vez que veo fotos antiguas termino casi llorando de la melancolía y las ganas que me dan de volver, por eso quiero escribir esto. Los últimos dos veranos han sido increíbles, así que creo que se merecen un rinconcito en este blog para que nunca los olvide (aunque no creo que eso pase). Una vez descubrí una canción que me recuerda a estos dos veranos. Quizá me recuerda más al de 2012 que a éste último, pero al fin y al cabo es como un “paradise” sentir que uno está como en casa y todo lo que le rodea es una maravilla.

Esta canción es Summer Paradise de Simple Plan con la colaboración de Sean Paul. Es una canción que define mis veranos a la perfección. Es una canción alegre, con ritmo, pegadiza y me hace recordar todo lo que he vivido durante esos meses de calor, la playa, las fiestas con mis amigos, las caipirinhas, los mojitos, los botellones en el pueblo, las cervecitas con los colegas en los bares, las tapitas, oh, eso es vida.

Simple Plan y Sean Paul

Os voy a dejar el vídeo de la canción con la letra aquí debajo. Espero que os guste y que la escuchéis como la escucho yo: recordando buenos tiempos de veranos inolvidables.

Aunque ahora mismo estoy ya en Inglaterra, una tierra de la que estoy empezando a pensar que pertenezco cada vez más, que tengo mucho aquí y que me costaría mucho dejar. Así que mirando de ese modo, me quedo con lo mejor de los dos sitios y que siga siendo así, que me siento muy feliz en este momento y estoy disfrutando de cada segundo que la vida me está dando en un lado y en otro. Muchas gracias a todos, a los de aquí y a los de allí. Nos vemos pronto.

Letra:

I gotta find my way back, back to summer paradise,
Sean Paul, Simple Plan

My heart is sinking as I’m lifting up
Up above the clouds away from you
And I can’t believe I’m leaving
Oh I don’t kno-kno-know what I’m gonna do

But someday I will find my way back
To where your name is written in the sand

(Estribillo)
‘Cause I remember every sunset
I remember every word you said
We were never gonna say goodbye, yeah
Singing la-la-ta-ta-ta

Tell me how to get back to
Back to summer paradise with you
And I’ll be there in a heartbeat
Quick time, quick time girl
Oh-oh
I’ll be there in a heartbeat
Quick time, quick time girl
Oh-oh

(Tell ‘em)

My soul is broken, streets are frozen
I can’t stop these feelings melting through
And I’d give away a thousand days, oh
Just to have another one with you
Baby girl

Well, real life can wait
(It can wait)
I’m crashing like waves
(Yeah)
Playing in the sand
(Me and you girl)
Holding your hand
Yeah yeah
Make some noise

(Estribillo)

The promises that we made to about our friends,
Thinking about it shineshine under trees,
Summer time on the beach,
Of fine we get closer under them trees,
Baby girl, you really got to me
It’s 3 o’clock, and were together and the time doesn’t leave
In a heartbeat girl, sex on the beach,
Don’t stand your world, ask me im rich,
Loving you girl, is the best part of me

Someday
I will find my way back to where your name
Is written in the sand
Bring it back, bring it back, bring it back!

(Estribillo)

I remember where we first kissed
(I remember)
How I didn’t wanna leave your lips
And how I’ve never ever felt so high
(So high)
Singing La-la-ta-ta-ta

So tell me how to get back to
Back to summer paradise with you
Yeah, and I’ll be there in a heartbeat
Quick time, quick time girl
Oh-oh
I’ll be there in a heartbeat
Quick time, quick time girl
Oh-oh
Summer Paradise
I’ll be there in a heartbeat
Yeah

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Halloween horror story…

¡Hola amigos! Sigo con el tema de Halloween, perdonad que se haya pasado ya la fecha, pero me contaron una historia de miedo de ésas que se cuentan alrededor de una hoguera y me gustaría compartirla con vosotros. Espero que os guste. Podéis comentadme, ya que es la primera vez que escribo un relato en el blog. No me dijeron ningún título, sin embargo, let’s say que se titula…

“Escape sangriento”

Era la noche anterior a la de Halloween, por lo que no mucha gente iba vestida con terroríficos disfraces. Era una noche normal como otra cualquiera. Ryan, un chico joven, había salido de fiesta con sus amigos y se encontraban en una discoteca pasándolo bien.

Había mucha gente en la discoteca, estaba llena por completo. Ryan fue a la barra para comprar una cerveza, no era la primera ni la segunda pero no estaba muy ebrio. Cuando volvió dónde estaban sus amigos no encontró a ninguno, no obstante, no le dio importancia. Pensó que estarían en el servicio o en algún otro lugar de la discoteca; de modo que empezó a buscarlos. Después de media hora, probablemente más, la música en la discoteca dejó de sonar, indicando que era la hora de cierre y toda la gente comenzó a dirigirse a la salida. Ryan seguía buscando a sus amigos, aunque ya no esperaba encontrarlos; había estado dando vueltas por toda la discoteca y no los había visto, así que siguió a la multitud hacia la calle.

Una vez fuera de la discoteca, se dirigía a la parada de taxis más cercana para coger uno de vuelta a casa, cuando en uno de los portales vio una chica llorando. Era delgada, algo más baja Ryan (él era de una estatura normal), tenía el pelo oscuro y rizado. Sus miradas se cruzaron y Ryan, por cortesía, se interesó y le preguntó qué le pasaba.

“Todo es una mierda,” le contestó la chica soyozando. Su acento parecía provenir de algún país del este.

Parecía bastante ebria así que Ryan se dispuso a ayudarla. Le limpió las lágrimas, la calmó y le dijo que le ayudaría a encontrar un taxi para ella. Incluso le prestó su chaqueta ya que estaba temblando de frío. Ryan le preguntó su nombre mientras caminaban pero ella no se lo dijo, tan sólo se quejaba de cosas sin sentido.

En el camino, ella paró un taxi y se montó. Ryan le pidió que le devolviera su chaqueta sin montarse en el coche. Ella se la dio y él le dijo al taxista que la llevara a casa. En el momento que iba a cerrar la puerta, ella salió de repente y agarró el brazo de Ryan, diciendo que no quería ir en ese taxi. Él intentaba averiguar dónde vivía, pero sólo decía que vivía en las afueras de la ciudad.

Al cabo de sólo unos segundos, la chica paró otro taxi. Esta vez, Ryan se montó con ella en el asiento trasero. Pensaba dejarla en su casa y volver a la suya en el mismo taxi. Ryan se dio cuenta de que ella le había dicho la dirección apenas se montaba en el coche, por lo tanto, no pudo escucharla. Apenas hablaron durante el viaje y Ryan estaba pendiente de la dirección a la que el taxi se dirigía. La chica parecía vivir de camino a la suya. De cualquier manera, él advirtió que el taxista debía ser de La India por su acento y su color de piel.

En un punto del viaje, Ryan perdió el sentido del camino, ya que estaban demasiado en las afueras y él no había estado nunca allí. Unos minutos más tardes el coche se paró en una calle sin salida, no se veía nadie alrededor. Parecía una urbanización, ya que había casas pero todas estaban muy oscuras, iluminadas por una débil y tenue luz de algunas farolas.

Ryan estaba esperando que la chica pagase al taxista. “Págale”, le dijo ella a Ryan. “¿Qué? No, yo tengo el dinero para volver a mi casa y no voy a pagarte el viaje”. El taxista, incomprensiblemente, insistía a Ryan para que le pagara. Ryan solo tenía el dinero para volver a su casa, le dijo la dirección y el taxista le pidió una cantidad desorbitada. Él había hecho ese recorrido una infinidad de veces y sabía exactamente cuánto costaba. Además, la calle donde estaban ahora debería estar más cerca que el centro de la ciudad…

De pronto la chica bajó del coche, y con ella el taxista. Ryan no entendía nada. Quería volver a casa o de vuelta a la ciudad. Nada le olía bien. No aguantaba ni un minuto más dentro de ese coche. Todo era muy sospechoso, el taxista y la chica estaban hablando fuera del coche. Ryan no podía ver ni oír nada porque el taxista se había apoyado de espaldas contra la ventana trasera del coche, tapándole la visibilidad de lo que ellos estaban haciendo.

Ryan los observaba con confusión, no tenía ni la más remota idea de lo que ellos estaban haciendo o de lo que estaban hablando. A través de los huecos que dejaba el taxista entre sus brazos, pudo ver la cabeza de la chica. La chica estaba agachada. ¿Por qué? Pensaba Ryan, pero lo que más le preocupaba era saber cómo iba a salir de aquella situación.

Después de unos minutos, la chica y el taxista volvieron a entrar en el coche. El taxista todavía pretendía que Ryan le pagase el doble de lo que en realidad costaba el viaje a casa. Ryan se limitaba a decir que tenía el dinero pero no lo bastante como lo que pedía. “¿Pero cuando va a pagar ella?” preguntó Ryan intentando evadir el tema. “Ella ya me apagado”, contestó el taxista evadiendo este tema y volviendo al anterior. En ese momento Ryan empezó a temer lo peor, ¿cómo le había pagado? Él solo quería volver a casa. “Te llevaré a un cajero”, le dijo el taxista. “No, llévame a casa o de vuelta a la ciudad, cogeré otro taxi allí,” contestó Ryan tajantemente, queriendo salir de allí a toda costa. No le gustaba ni el lugar ni la compañía. “Está bien, te llevaré a casa, pero dame algo de dinero, este taxi no se paga solo”, le decía el taxista con su acento indio. Pensó que no le quedaba otra opción, así que le dio un billete, y le dijo que le daría el resto cuando llegara a su destino.

Afortunada o desafortunadamente para Ryan, el coche se volvió a poner en movimiento, pero ¿hacia dónde? Sólo el taxista lo sabía. Él no quería estar en aquel coche, quería salir de allí y de pronto y extrañamente, la chica se puso demasiado amigable con el taxista, le tocaba el hombro desde el asiento de atrás y éste se la cogía. Ambos reían sin motivo. Ryan no entendía nada.

“Él es mi amigo, lo conozco”, decía la chica entre risas. “¿Qué hacemos con él?” le preguntó de repente el taxista a la chica. “No sé, es un buen tío. Me cuidó y estuvo conmigo, se preocupó por mí”, contestó la chica. “¿Es eso verdad?” preguntó el taxista a Ryan. “Sólo hice lo que tenía que hacer, la vi en mal estado y me interesé por ella”, respondió Ryan casi sin voz, atónito por lo que había escuchado. No sabía lo que estaba pasando, ¿qué significaba eso de “¿qué hacemos con él?”? Ryan ya no aguantaba más. Desconocía por completo lo que estaba sucediendo. El taxista conducía bastante rápido, las curvas le hacían tambalearse en el asiento. No aguantaba más en ese maldito taxi.

Ryan era un chico que había tomado decisiones sin pensar en el pasado y le habían salido bien. Estaba orgulloso de eso pero esta vez debía hacer algo y no tenía mucho tiempo. Se imaginaba que en algún momento la chica sacaría una navaja o un cuchillo y le apuñalaría allí mismo, incluso llegó a pensar que el propio taxista tenía una pistola y le iba a disparar en el coche, aunque supuso que no lo haría ya que mancharía los asientos con su sangre. Su suerpo ardía de nerviosismo, de terror. Estaba temiendo por su vida.

Vio que se acercaba a una glorieta, el taxista debería frenar y reducir la velocidad a la que conducía. Había también una gasolinera justo al lado. “Es perfecto” pensó Ryan para sí”. Sin pensarlo dos veces se quitó el cinturón de seguridad, su cuerpo se inclinó debido a la velocidad al entrar en la rotonda, abrió la puerta y saltó del coche en marcha.

Salió rodando del coche, golpeándose la cabeza contra el asfalto, pero se repuso. Miró hacia detrás, viendo como el coche se alejaba. Tan pronto como se puso en pie, empezó a correr dirección a la gasolinera. Instintivamente se llevó la mano izquierda a la nuca y al vérsela, estaba completamente roja, goteando sangre. Sentía como le recorría la espalda por debajo de la camiseta, estaba sangrando mucho. Apenas le importaba, ya que por fin se había deshecho de aquella siniestra pareja.

Había un hombre joven dentro de la tienda de la gasolinera. Ryan pidió ayuda nervioso, no podía parar de moverse. El hombre le preguntó qué le ocurría y Ryan le contó todo lo más rápido que pudo, con una voz temblorosa, pidiéndole que llamara a una ambulancia. “Por favor, dame algo para ponerme en la herida”. El hombre salió de la tienda y le dio unos pañuelos de papel. Ryan tenía las dos manos completamente ensangrentadas por tratar de parar la hemorragia. “¿Es muy grande?” Ryan preguntó. “Es más o menos así” le dijo el hombre, haciendo un gesto con su mano y abriendo sus dedos unos cinco centímetros. “¿Es profunda? ¿Puedes ver el hueso?” “No, no parece profunda” respondió el hombre de la gasolinera, tratando de tranquilizar a Ryan.

Poco después llegó la ambulancia y más tarde la policía. Le limpiaron las manos y le curaron la brecha lo mejor que pudieron, pero le dijeron que debía ir al hospital para que pudieran cosérsela. “¿Tienes alguna otra herida?” Preguntó el médico. “Sí, aquí y aquí. Pero sólo son rasguños, nada importante”, contestó Ryan señalándose a la mano izquierda y a la muñeca izquierda, donde se había rozado al caer. Mientras tanto, una inspectora de policía acompañada de un oficial le tomaban declaración sobre lo que había ocurrido.

Le preguntaron sobre las descripciones de la chica, del taxista y del coche. La chica era delgada, pelo rizado, no muy alta. Parecía provenir de algún país del este. Llevaba un jersey azul y un chaleco rojo. El taxista, en cambio, era gordo, de tez morena debido a su posible nacionalidad india y estaba calvo; llevaba unos pantalones negros y una camisa negra. No recordaba el color del coche debido a la brevedad de los hechos, pero estaba seguro de que era un color claro, probablemente beige. Ni mucho menos se había fijado en la matrícula. “¿A qué velocidad iba el coche cuando saltaste?” le preguntó la inspectora. “Ni si quiera lo sé. Iba bastante rápido. No me fijé en la velocidad porque estaba esperando el momento más oportuno para saltar”, respondió Ryan haciéndoles ver que se había sentido en peligro.

Decidieron llevarlo al hospital pero en ese momento Ryan se paró. “¿Cómo te llamas?” le preguntó en la lejanía al hombre de la gasolinera. “Connor”. “¡Gracias Connor! ¡Gracias por todo y perdón por este lío en el que te he metido!” gritó Ryan y metiéndose en la ambulancia.

De camino al hospital, el médico le preguntaba por algún detalle más, pero Ryan tan sólo podía repetir lo que le había dicho a la inspectora. Una vez en el hospital le hicieron esperar dos horas o tres, había perdido la noción del tiempo. Tampoco se acordaba a qué hora había ocurrido todo aquella noche. Durante ese tiempo estuvo reflexionando sobre lo que quería aquella pareja. De cualquier manera, se sentía orgulloso de haber saltado de ese coche. Lo volvería a hacer. El miedo que sintió no le hizo pensar en el daño que le haría saltar del coche o en la velocidad a la que iba; tan sólo quería salir de allí y la solución era aquélla. Probablemente fue el miedo al temer por su vida, cuando una persona deja de razonar y puede hacer cualquier cosa a toda costa con tal de sobrevivir.

Pensó en llamar a sus amigos, pero prefirió no molestarles ni preocuparles. Decidió que intentaría dejar el tema en secreto y no contárselo a nadie.

Aprovechó también ese tiempo para sacarse algunas fotos con su cámara. En ellas pudo ver que la brecha, completamente ensangrentada, era de unos cinco o seis centímetros, pero había dejado de sangrar y no era muy profunda. También pudo ver como la piel de su cabeza se había teñido de rojo, como consecuencia de la sangre que se había secado.

Le llamó el médico y éste le preguntó básicamente lo mismo que la inspectora, pero Ryan, ya tranquilo, repitió lo que le dijo a la inspectora y al médico de la ambulancia. Lo que en realidad quería el médico, era comprobar que el golpe no le había causado ninguna otra lesión en la cabeza.”Me siento perfectamente, a pesar de un fuerte dolor en el lugar de la herida, claro. No me he sentido mareado en ningún momento”, comentaba Ryan para quitarle hierro al asunto. “Ahora vendrá la enfermera y te pondrá un poco de pegamento, ya que si te cosemos tendrías que volver en unos días para quitarte los puntos, además sería más doloroso. El pegamento es perfecto para la herida, se irá quitando poco a poco pero no te podrás lavar la cabeza en cinco días”, le explicó el médico. “Gracias, está bien”, contestó Ryan pensando en que le daba igual lo que le hicieran, tan sólo quería volver a casa.

Al poco tiempo después llegó la enfermera y le atendió. Era muy simpática y le explicó con detalle las características del pegamento, también le dijo lo mismo que el doctor sobre los puntos. Le dio dos pastillas: una era paracetamol y la otra un antiinflamatorio. Le dio también unos panfletos informativos sobre la cura de brechas, tratamiento de pegamento y suturas. Le limpió la herida bien y le aplicó el pegamento en la brecha. Ryan le hablaba sobre su vida mientras tanto, aunque alguna vez que otra tenía que parar de hablar para resistir el dolor. Una vez acabada la cura, le dijeron que se podía marchar.

Cuando salió del hospital, no sabía dónde se encontraba, ya que no había estado allí en su vida. Tuvo que preguntar un par de veces a las personas que había por la calle. En unos diez minutos había vuelto al centro de la ciudad donde la extraña historia había sucedido. Sacó su teléfono móvil y llamó a un taxi. Le dijo su ubicación para que fuera a recogerlo. En verdad ese taxi era de confianza. Gynn, un taxista conocido que le había llevado infinidad de veces a su casa, pero que solamente estaba de servicio durante el día. Ryan le iba contando todo lo que había vivido esa noche, ante la sorpresa de Glynn que no daba crédito a lo que escuchaba.

Cuando llegó por fin a su casa, le dio las gracias a Glynn. “¡Eres incluso mejor que James Bond! Siempre podrás decir que saltaste de un coche en marcha. Indudablemente los tienes bien puestos”, broméo Glynn. “Bueno, puede ser”, contestó Ryan contento y apenado a la vez, esbozando una discreta sonrisa. “Pero por favor, no se lo cuentes a nadie. No quiero que nadie me pregunte por lo ocurrido, tan sólo quiero llegar a casa y descansar. Quiero olvidarlo todo”, dijo Ryan ya completamente serio. “No te preocupes tío, recupérate y descansa. ¡Nos vemos pronto!” Glynn le había querido cobrar la mitad del viaje, al ver que Ryan había estado en problemas, pero él no quiso y le pagó todo el trayecto, como siempre.

Cuando llegó a su habitación, se dispuso a quitarse la ropa para lavarse un poco antes de irse a la cama. Tenía la camiseta ensangrentada, los vaqueros grises que llevaba estaban manchados de sangre y tenían rozaduras de la caída. Tenía sangre incluso en los calzoncillos; la sangre le había recorrido la espalda hasta llegar a los pantalones. Sin duda, había sangrado mucho. Se lavó lo mejor que pudo, no se tocó la herida y se fue a la cama. Estaba demasiado cansado para no poder dormir, así que no tardó mucho en caer dormido.

Nunca llegará a saber lo que le habría pasado si no hubiera saltado de aquel coche, lo que querían de él el taxista y la chica. ¿Por qué la chica no se quedó en el lugar donde en un principio habían parado? ¿De verdad se conocían o hicieron un trato cuando salieron del coche? Ryan se preguntaría este tipo de preguntas una y otra vez los días después, incluso se las preguntaría durante su vida, pero no obtendría ninguna respuesta. A menos que se encuentre de nuevo con el taxista o la chica…

FIN

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Me voy, pero me quedo

La sensación que siento ahora mismo es muy difícil de definir, por más que busco, no encuentro ninguna palabra que represente ese feeling. Muchos de vosotros lo sabréis, pero me quedo aquí en Inglaterra el año que viene. En los tiempos tan difíciles que corren por España, yo puedo decir que con mi edad tengo trabajo. Así que estaré de nuevo aquí en York a finales de agosto (si Dios quiere).

Tengo que admitir que he tenido suerte. Me siento muy afortunado porque sin haber acabado la carrera, tenía trabajo, porque cuando terminé ese año, encontré otro trabajo (el de este año) y cuando lo acabe, tendré trabajo para el año que viene. Pero me gustaría decir que si lo encontré, fue porque lo busqué. En mi opinión, la palabra que me define es hardworker; ese espíritu trabajador siempre interesado en ayudar, en echar una mano (o las dos), en prestarse a hacer lo que sea o estar ahí para lo que se me necesite, ésa ha sido mi cualidad más importante.

Actually, estoy muy excited con esta nueva oportunidad que se me ha dado. Estoy seguro de que aprenderé infinidad de cosas que me ayudarán en mi futuro y por supuesto, daré lo mejor de mí para desempeñarlo. El trabajo es de Assitant Houseparent, cuidador de los alumnos del colegio en el internado. Un trabajo más duro que el del año pasado. I can’t wait!

Pero antes, llega el verano. Dentro de una semana volveré a España para pasar el verano y nunca he echado de menos estar allí más que ahora. Por esa razón digo que no sé cómo me siento, ya que quiero volver a España, pero estoy deseando estar de vuelta después del verano para empezar a trabajar como Assitant Houseparent. De todas formas, sé que este verano será especial porque haré lo que a mí me plazca y lo disfrutaré al máximo.

Quiero comer garbanzos de mi madre, gazpacho y arroz a la cubana, quiero dormir en mi cama, quiero pegarme con mi hermana, quiero ayudar a mi madre en la cocina, quiero ir de pesca con mi padre, quiero ver a mis padres casarse otra vez (la primera vez no pude), quiero que a los cinco días mi madre me diga que está harta de mí porque no recojo la habitación, quiero hacer barbacoas con Rocío, María, Guada, Anabel, Machuca, Tachi, Ángela, Inma, Javi, Miriam, Juanjo, Ale, Ceci, Estefy, Isa, Virginia y Zapata, quiero hacer paellas, sangrías, mojitos y caipirinhas, quiero ir a la piscina y luego jugar al baloncesto, quiero tomarme cañas con Baldo, Sancho e Hilario, quiero ir a la casa de la abuela de Vito y ver series allí, hablar de frikadas y jugar a las cartas sentados en el suelo del patio, quiero ir al cine, quiero quedar con Silvia, quiero ir a Cáceres y ver a JPe, Bea, Eneas, Elena, Sara, Bea, Isi, Jean, Kike, Rut y Ali, quiero ponerme moreno tirado en el patio de mi casa, quiero comer polos, quiero conducir mi Ibiza por el pueblo, quiero jugar al Digimon en la PlayStation (llamadme friki), quiero ir de botellón a los aparcamientos y encontrame con Flete, Mónica, Javi, Juli, Juanjo, Cristina, Maikel, Leti, Kiko, Manolito, Javi, Cuéllar, Ignacio, Mari Pili, Mari Jose, Rubén, Satu, Juli, Mono o el Fatiga, quiero correr por la carretera de circunvalación, quiero hablar de gilipolleces con el Cuéllar y el Caro, quiero beber Negrita, Brugal, J&B y Passport (o cualquier otra bebida alcohólica), quiero beber Jägerbombs, quiero calor, quiero ir a la playa, quiero jugar con mi tío al tenis y ganarle, quiero encontrarme con Fati para irnos a Galicia y ver a Eva, quiero que Amanda me venga a ver a la estación de autobuses de Madrid (aunque esta vez será different!), quiero ver a David y María, quiero ver a mis primos, quiero ir a la boda de María y Nick en Salamanca, quiero subir a la terraza de mi casa por la noche y mirar los tejados del pueblo para pensar en mis paranoias, quiero ver pelis y series en la tele de mi habitación, quiero leerme los libros que me quedan de Harry Potter, The Hunger Games y Games of Thrones (in english); y por último, no quiero hacer nada en absoluto.

Pues ésta es más o menos mi agenda para el verano, aunque ya sé que algunas no será posible hacerlas, me he prometido hacer todo lo que pueda y lo voy a cumplir. Me gustaría que cuando tuviera que irme a York de nuevo, tenga las energías renovadas y cargadas para empezar el año con ilusión, fuerza y ganas. Aunque eso ya sé que sí porque tengo muchas ganas.

Por eso digo que lo que siento es muy extraño. Tengo ganas de volver a España, pero también tengo ganas de empezar el curso que viene. Yo creo que lo mejor será disfrutar del verano ya que luego vendrá todo lo demás y eso también lo disfrutaré.

Espero que no os haya aburrido con todo esto, pero lo tenía que escribir. Me siento muy feliz ahora que estoy tan cerca de volver a casa y también porque seguiré trabajando en Inglaterra. Como siempre, espero que vengáis a verme alguna vez, os encantará. York es una ciudad hermosa y encantadora, además, me lo debéis que yo os voy a visitar también. Muchas gracias.

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¡1000 Gracias!

A veces decimos “mil gracias por…” pero no decimos mil veces gracias aunque el motivo lo merezca.

Yo sí quiero dar mil gracias. Una por cada vez que alguno de vosotros ha visitado esta página, vosotros que hacéis que cada vez que compruebo el blog haya más visitas, haya más gente que ha leído lo que he escrito y haya más gente que le gusta. Por vosotros: GRACIAS.

Hoy, sábado día 26 de Mayo de 2012, hace 147 días que di a conocer mi blog y ya he llegado al millar de visitas. La verdad es que no tengo palabras para definir lo que siento. Es como una alegría indescriptible, una inquietud ilusionante antes de ver el número de visitas, una satisfacción enorme cuando aparece ese número de cuatro cifras en el contador: 1.000 visitas. Por esto GRACIAS.

Este blog ha sido visto en 26 países en todo el mundo, quizás tendría que dar las gracias en otros tantos idiomas… Estas personas que ni siquiera conozco y sin embargo se han dado una vuelta por este espacio personal. Por esta gente: GRACIAS.

Por esas veces que  habéis leído algo y me habéis dicho que os ha gustado, que os habéis partido de risa o que habéis llorado (mi madre, por ejemplo). Con eso simplemente me siento satisfecho en este menester tan voluntario como el que más, en el que ofrezco todos mis conocimientos, mis experiencias y mis vivencias para compartirlas con vosotros. Por todo esto GRACIAS.

Y porque si todo sigue así, seguiré escribiendo, seguiré contando lo que descubra en mi vida y seguiré dejando trocitos de mí en este rinconcito del amplísimo mundo del internet. Llevo escritas 36 entradas y las que vendrán. Esto me da muchísimas ganas de escribir cosas nuevas para que vosotros, los lectores de este blog, las disfrutéis y podáis aprender de ellas. A todos vosotros: MIL GRACIAS.

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My family in York!!

Vacaciones de Semana Santa y me quedo en Inglaterra para evitar el pesado viaje de ida y vuelta a España. En cambio, mis padres y mi hermana han venido a visitarme en un arrebato de valentía y/0 ganas de verme. Así que he disfrutado de mi familia de nuevo, les he enseñado estos lugares y han podido vivir entre guiris, practicar el idioma (hot milk) y experimentar el “agradable” (ironía pura y dura) tiempo de Inglaterra. Este post va dedicado a ellos, para agradecerles el esfuerzo de venir para estar conmigo.

Llegaron el viernes 1 de Abril por la tarde y los recogí en el aeropuerto de Manchester. Cuando los vi, sentí una alegría inmensa. Me escondí entre la gente y ellos me buscaban con la mirada, hasta que ¡buuu! Asusté a mi hermana saliendo detrás de unas personas. Ella saltó hacia atrás por el susto pero luego se abrazó a mí. En ese momento mi padre y mi madre llegaron también a abrazarme. Llegamos a York en tren y los llevé al hotel, The Queen’s Hotel. Un hotel céntrico justo al lado del río y para nada caro en el que yo había reservado una habitación para mis padres (mi hermana dormiría conmigo en el colegio). La habitación era grande. La cama era king size, es decir, de 2×2 metros; también tenía televisión, cuarto de baño con bañera, teléfono, una mesa con dos sillas y una pequeña repisa donde se podía preparar café y té. A mi madre le encantó todo. Mi hermana y yo los dejamos allí y nos fuimos al colegio en taxi.

El día siguiente, lunes, estuvimos en York, paseamos por el centro, les enseñé el río, el mercado, las tiendas, York Minster (la catedral), hicimos muchas fotos de todo y comimos dulces típicos de aquí como las pastries. Ellos estaban asombrados por todo lo que veían: los coches por la izquierda, la apariencia de la gente, los precios de la comida (caros), los de la ropa (baratos) y mi hermana simplemente disfrutaba de todo. Y yo, me sentía increíblemente bien por estar de nuevo con mi familia.

El martes hizo un día horrible. Estaba lloviendo, hacía frío y aire. Aun así, mi madre, mi hermana y yo nos montamos en The York Wheel, la noria de York. Después alquilamos un coche para los dos próximos días. Era la primera vez que conducía por la izquierda. Nos dieron el modelo más moderno del Ford Fiesta. Con él fuimos al colegio, prestando mucha atención a la carretera (las carreteras inglesas son estrechas y sin arcenes) ya que estaba lloviendo bastante y había tráfico. Llegamos al colegio comimos pollo al ajillo y tortilla hechos por mi madre. Después les enseñé el colegio. Se quedaron sorprendidos al ver el edificio principal con los animales disecados en el hall, la fuente de los caballos, los campos de rugby, de fútbol, de hockey y la pista de atletismo, el pabellón polideportivo, la fuente de los leones, el hipódromo, los establos, los jardines, el gimnasio, el comedor, los patios y aunque no pudieron ver los caballos en los establos porque estaban cerrados, les encantó todo. Por la noche volvimos a York en coche y cenamos con María, la profesora del colegio. Cenamos en un restaurante italiano en el que comimos hasta no poder más.

El miércoles había planeado ir a Whitby, una preciosa cuidad costera pero el tiempo había salido aún peor que el martes. Además, había escuchado por la radio que habían tenido problemas con la electricidad y hasta había nevado. Estuvimos dudando un buen rato si ir o no pero al final nos atrevimos. Después de una hora y media de viaje, muchas curvas y subidas y bajadas llegamos a Whitby sin ningún problema. El tiempo nos sonrió y empezó a salir el sol. Les llevé a la playa, paseamos por el puerto, mi padre vio la gente pescando, subimos 199 escalones para ver la abadía de Whitby y compramos en las tiendas del centro. Comimos Fish and Chips en un restaurante y a mis padres les encantó. Nos fuimos de vuelta a York antes de que anocheciera. Por la noche, mi padre y yo vimos el partido del Real Madrid en un bar en el que puedes ver cualquier partido ya que hay más de 15 pantallas. Después del partido volví en coche al colegio con mi hermana.

El jueves nos hizo un día espléndido. Habíamos planeado ir a Ripon, Harrogate y Leeds si teníamos tiempo. Sin embargo, yo me había enterado que La Reina de Inglaterra, Isabel II, venía a la estación de York para presenciar una misa en la catedral cada Semana Santa. Nosotros teníamos que entregar el coche precisamente allí. Cuando llegamos estaba todo lleno de policías y yo me intenté meter en el parking de la estación para dejar el coche. De repente, al entrar en el parking, veo que hay más policías (dos de ellos cortando el paso al parking) y a mi lado un cochazo color corinto con una bandera en el techo y un señor muy bien vestido, con flecos en los hombros, gorra militar y medallas se cruzó delante de nosotros. Yo me pregunté ¿pero dónde me he metido? Un policía me dijo que no era posible pasar porque venía La Reina. Retrocedí y fui a otro parking aunque estaba más lejos. Luego busqué al gerente de la empresa de alquiler de coches y le dije donde estaba para que fuera a recogerlo. Entonces decidimos ver a La Reina (no vemos a Juan Carlos y tenemos que ver a Isabel). Después de esperar al lado de la estación, cinco o seis motos de policías pasaron por delante nuestra y luego ¡el mismo coche que vi cuando entré en la estación pasó con La Reina dentro y dos personas más! Decían adiós y nosotros les hicimos fotos (yo grité Gibraltar Español, pero no muy alto para no formarla mucho). Así que vimos a Isabel II y casi nos chocamos con su coche. Imaginad si sale en las noticias: “una familia de Villafranca de los Barros deja a Isabel II sin coche” ajaja sería increíble aunque no me haría mucha gracia… Después de todo esto nos fuimos a Harrogate en tren. Allí fuimos al Primark a comprar y vimos las tiendas. También fuimos a Betty’s, un café inglés muy famoso (y muy caro) para tomar, eso, un café. Aunque nos costó bastante los dos cafés, los dos chocolate y dos dulces que pedimos les encantó (para lo que cuesta, más vale que esté bueno). No tuvimos tiempo de ir ni a Ripon ni a Leeds pero disfrutamos igualmente del día.

El viernes se iban por la tarde. Aprovechamos la mañana para hacer algunas compras que faltaban. Después cogimos el tren para ir al aeropuerto de Manchester. Recordamos todo lo ocurrido en esta especie de vacaciones y luego los dejé en el control de seguridad del aeropuerto entre abrazos y besos (y alguna que otra lágrima).

Para mí, ha sido impresionante vivir esta experiencia con mis padres y mi hermana. Todos los días, ellos se quedaban en el hotel y yo volvía en taxi al colegio con mi hermana (o con el coche los días que lo tuvimos). Nos ha salido todo perfecto estos días y hemos vivido aventurillas inverosímiles pero hemos estado juntos que era lo que queríamos. Como siempre, os doy las gracias por leer todo esto e interesaros por lo que escribo en este blog. Espero que no os hayáis aburrido y hasta la próxima. ¡Un abrazo! Aquí os dejo una foto al lado del tren de Isabel II el día que la vimos.

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Menuda semana…

Semana desde el 19 al 25 de Marzo de 2012.

Podría empezar diciendo que esos siete días han sido para olvidarlos, aunque yo creo que me gustaría recordarlos para siempre. Saber cómo empezó y cómo terminó son de esas cosas que te marcan, que te ayudan a crecer como personas, que superes obstáculos; en definitiva, que seas mejor.

Debería empezar por el domingo anterior. Domingo, nada que hacer, excepto una cosa: asistir al curso de monitor de socorrista al que me había estado preparando durante un par de meses. Todo parecía ir bien; las pruebas en la piscina, descanso y después la parte teórica. Practicábamos para el examen (sería el domingo siguiente) y me preguntaron qué era el NOP. Ni idea, no idea. A decir verdad, sí sabía qué era el NOP (el Normal Operation Plan; lo que haces normalmente como socorrista en una piscina), lo que no sabía era las palabras en inglés. Lo mismo me pasó con otra sigla más. Entonces me bloqueé. Perdí la confianza. Sabía que si decía algo, lo díría mal y si piensas así, al final lo dices mal. Me quería ir (incluso estuve a punto de preguntárselo a la profesora). Nos repartió un test y sentí esa sensación de arrepentimiento que tienes ante un examen que no has estudiado. Pero incluso más fuerte porque eran cosas que no se estudiaban porque eran demasiado simples. Acabé el curso creyendo que no volvería. Por la tarde, vi el partido del Real Madrid y empató. Si hubiera ganado… Siempre que veo fútbol, me bebo tres cervezas. Con lo ocurrido en el curso dije me voy a beber otra y luego otra…

El lunes había práctica de natación voluntaria a las 12:40. Me levanté a las 13:15. Quería haber ido y no fui. Mierda, shit. Ya no podría practicar en la piscina antes del examen. A las 14:40 tenía una clase con una niña así que me puse la camisa, el traje y la corbata y me fui a dar la clase. Aunque al final no la di, me enteré de que había cometido un error bastante grande la semana anterior en una clase. Hablé con la jefa del departamento y me dijo que no pasaba nada, pero que no lo volviera a hacer. Yo acepté mi error y posiblemente no era para tanto (aunque sí serio), me terminó de hundir; salí de allí directo a mi habitación y me tiré en la cama a punto de llorar pero no me salían las lágrimas. Con resaca, con un examen que estudiar, con una bronca y con otra cosa: hacer la solicitud para el curso de profesor de español en Inglaterra. Demasiadas cosas y tan poco tiempo.

El martes me propuse estudiar ya que no iba a dejar que me ocurriese de nuevo lo del curso. Tenía que memorizar lo que era el puto NOP y muchas otras siglas inglesas más. Llegué a descubrir que yo no era tan gilipollas porque, por ejemplo, la RCP (Reanimación Cardio-Pulmonar) en inglés es CPR (CardioPulmonary Resuscitation); la “R” cambia de lugar y además significa resuscitation en vez de reanimación. Mi problema era que pensaba en español y me acababa liando. Tendría que aprenderlo de memoria, by heart.

El miércoles, mientras rellenaba la solicitud para el curso de profesor en internet, veo que tengo que hacer un escrito de 600 palabras, diciendo cómo soy, mis destrezas, mis experiencias… Sintiéndome como una mierda tenía que expresar que era el mejor. ¿Cómo hacerlo? Esa misma tarde lo hice, pero no me gustó. Lo hice otra vez y (creo) sí me gustó. No sabía qué escribir, eran 600 palabras y encima en inglés. Un profesor del colegio me lo iba a corregir para ponerlo en un estilo más… inglés. Esa noche seguí estudiando.

El jueves seguía con el mismo pesimismo de toda la semana pero parecía que ya no “pesaba” tanto como antes. Lo del problema en clase estaba olvidado (aunque aprendido) y veía como el examen lo llevaba mejor. Esa tarde me reuniría con la profesora de español para terminar y enviar la solicitud del curso de profesor. Pero antes vi “la correción” que me había hecho el profesor de mi texto y no sabía qué hacer. ¡Me lo había dejado en 332 palabras! Le dije que si podía ampliarlo un poco más y al final se quedó en 460. Aunque faltaban 140, lo completaríamos entre la profesora de español y yo. Dejamos la solicitud casi acabada y yo seguía estudiando every night en la sala de profesores porque (otro problema) el internet en mi habitación dejaba de funcionar a las siete sin saber por qué. Lo había estado haciendo durante toda la semana.

El viernes me levanté a las 9:00 para estudiar (me quedaba el tema más largo). Como siempre para el lunch, comí fish and chips (me encanta) y a estudiar. Por la tarde trabajé en el internado y me llevé la carpeta para estudiar, pero fue imposible porque me pasé todo el rato con los alumnos. A decir verdad, tenía tiempo y lo haría por la noche. Así que acabé la carpeta esa noche y empecé a memorizar todo lo subrayado. Otra buena noticia era que ese día hacía un mes que… bueno, ¡preguntádmelo si os pica la cursiosidad!

El sábado seguí memorizando todo. Por ejemplo, la recovery position (posición de recuperación) la ensayaba conmigo mismo. Me tiraba en el suelo y me decía a mí mismo: pongo este brazo así, ahora levanto la pierna,… Lo mismo con otras muchas cosas como bendajes o maneras de llevar a una víctima en el agua. Hice algunos tests y la verdad es que me salieron bastante bien. Parecía que todo se me estaba quedando en esta cabeza que a veces es tan olvidadiza y todo estaba empezando mejorar. Sentía que estaba preparado para el examen.

El domingo, el día del examen. Salí del edificio donde vivo y encuentro que había amanecido con una densísima niebla que tapaba todo lo que estaba a más de unos 30 metros. Pasaba por los campos del colegio y me decía: parece mentira que ahí hay una pista de atletismo, 7 campos de rugby, 4 de fútbol y uno de hockey; ya que no se veía nada. Llegué a la clase y los demás estaban estudiando, entonces recordé esos momentos antes de un examen en los que hay gente que estudia, que no, que repasa con otros,… Ellos estudiaban y practicaban pero yo no. Yo digo que si no lo has estudiado antes, no lo harás ahora en cinco minutos. Poco después llegaron los examinadores, dos hombres y una mujer. Nos dijeron que primero haríamos las pruebas en la piscina, cosa que a mí no me gustó porque yo quería quitarme el examen “escrito” (luego explicaré el por qué de estas comillas) de una vez.

Nos dividieron en dos grupos de cuatro y yo estaba en el primero. Nosotros simularíamos ser los socorristas y el otro grupo nuestras víctimas. La primera prueba era desenvolverse en una situación cualquiera y la persona que me tocó como víctima se quejaba de una herida en el brazo. Toqué mi silbato, dije: lifeguard going in! y me tiré a por ella. La llevé a donde no cubre, la saqué por las escaleras y la aparté de la piscina. El examinador me dijo que había actuado muy rápido. Hicimos pruebas como rescate de víctimas inconscientes, con posibles lesiones en la columna vertebral, primeras asistencias… Y luego llegaron las que más me asustaban: nadar 20 metros, coger a la víctima y volver en 65 segundos y la otra era nadar 20 metros, darle la vuelta a la víctima inconsciente y nadar 15 metros de vuelta en 45 segundos. La primera ha había conseguido en las sesiones prácticas en 55 segundos pero la otra la había hecho en algo menos de 45 segundos. Sabía que cualquier error me costaría el aprobado. Hice el primero y tardé 54 segundos, mejorando mi marca. Pero lo mejor fue que el segundo lo hice en 40 segundos, insuperable. No me lo creía. La última prueba fue un rescate con la spinal board (tabla espinal). Participamos todos en el grupo y a mí me tocó llevar a la víctima hacia la parte donde está la tabla para socorrerla. Lo había hecho muchas veces así que no fallé. Todo perfecto. Con eso acabamos las pruebas, después nos tocó a nosotros ser las víctimas.

Entonces volvimos a la clase para seguir con el examen. Yo pensaba que haríamos un test pero no fue así. Era un oral conjunto con el grupo. Mucho mejor, nos ayudábamos unos a otros y cuando uno no sabía algo lo decía otro. Hubo dos preguntas que no supe contestar, pero los otros tres del grupo me ayudaron. Sin embargo, varias veces ellos se quedaron callados y yo dije la respuesta correcta. Después de esa ronda de preguntas fuimos a comer y volvimos en media hora para continuar. Esta vez con primeros auxilios y CPR (RCP en español). Todo fue de maravilla. Hice las compresiones, las respiraciones, usé la máscara protectora y trabajamos en parejas. Después hubo otra ronda de preguntas más relacionadas con enfermedades y sus tratamientos. En todas ellas respondía correctamente y sentía que lo iba a aprobar. Además, tenía conmigo mi “rana loca de la suerte”, que la llevo a todos los exámenes que hago; seguro que me dio buena suerte.

Cuando acabamos el examen (eran las 14:30, ¡5 horas y media de examen!), el examinador nos dijo que estaba muy contento de comunicarnos que habíamos aprobado todos. Sentí una alegría indescriptible dentro de mí. Después de tanto trabajo y sufrimiento lo había logrado. Le di la enhorabuena a los demás y salí del edificio encontrándome con un espléndido día soleado (incluso caluroso), los alumnos jugaban al fútbol así que me uní a ellos. Les conté lo del examen y me felicitaron, me abrazaron y bromearon conmigo diciéndome que no se fiaban de mí, ¡que les ahogaría en vez de salvarles! Aunque me sentía cansado, el buen día, las buenas noticias y las ganas de disfrutar todo me hicieron quedarme con ellos casi dos horas más. Después llegué a la habitación, hablé con mis padres y les conté todo (había hablado una vez en toda la semana y les había dicho lo mal que lo estaba pasando;  mi madre la pobre estaba sufriendo). Me pegué una ducha muy muy muy larga y estuve cantando (bastante alto). Luego me fui fuera a disfrutar del tiempo y me tiré en el césped para tomar el sol y escuché música.

Ahí terminó esa semana, esa semana que empezó tan mal y acabó tan bien. Espero que si alguna vez me siento mal, lea este pedazo de texto y recuerde lo que pasé en esa semana tan decisiva para mí, que al final acabó de la mejor manera. Aunque no es sólo eso. La semana siguiente a esa empiezan las vacaciones de Semana Santa, mis padres vienen cinco días así que tengo otro poblema: saber a dónde les voy a llevar y lo que vamos a hacer. ¡Pero eso ya no es tan malo!

Llegados a este punto he de decir que agradezco muchísimo a las personas que han leído todo hasta aquí. Muchas gracias por interesaros por mí. Espero que no haya sido muy aburrido, pero yo soy así y sabéis que lo cuento todo con pelos y señales (incluso he quitado muchas cosas). Espero también que esto os sirva de ayuda a vosotros y os haga más fácil esto que todos llamamos vida. Muchas gracias y hasta la próxima.

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Ya estoy aquí, ahora, “Ponte en mi piel”

Ya estoy aquí de nuevo, en Inglaterra, en York, en QE (Queen Ethelburga’s). De nuevo al trabajo. Estoy contento de estar aquí porque siento que tengo cosas que hacer y además, hago lo que yo quiero que eso siempre es importante. Pero no te creas que estoy tan bien. Cuando me veas y me digas: ¡anda, qué bien te lo montas! No te creas que me lo monto tan bien, estoy a 1800 kilómetros de mi casa y eso no es fácil de llevar día a día. Hay personas que no serían capaces de hacerlo.

Sin embargo, lo tuve que hacer. Me fui de mi casa hace un año y medio y ahora mismo me siento muy orgulloso de lo que he hecho aquí, de lo que he vivido aquí. He de decir que me encanta esto: un país diferente a España, otra gente, otras culturas, otras comidas… Conocer esa gente, experimentar cosas nuevas, tener experiencias que algunos allí ni saben que existen, todo eso me fascina pero…

Viendo ahora como está España, estoy muy feliz aquí, con trabajos y amigos con los que puedo contar. Por eso ahora más que nada me pregunto si quedarme por unos años mas o… para siempre, forever. Y cada vez me estoy convenciendo más: si tengo suerte, me seguiréis por el tuenti, facebook o por este bolg y os iré a visitar de vez en cuando.

Cuando escucho música, hay una canción en la que me siento identificado y que me motiva. La verdad es que trata sobre los inmigrantes africanos que van a España. No es mi caso pero al fin y al cabo es lo que yo hice. Yo no estaba tan mal como estas personas pero sí que lo necesitaba, sí que me vine sólo y sin apoyo alguno, pero poco a poco me supe defender de todos los momentos malos y ahora estoy muy contento de tener lo que ahora tengo. Esta canción es Ponte en mi piel de El Chojín, Kraze y Meko. Me encanta El Chojín y por supuesto, me encanta el rap. La frase que más me gusta: “Como maleta mis brazos, mis piernas y mi cabeza, que ya empieza a añorar mi tierra”…

Espero que os guste a vosotros también y que entendáis el mensaje porque puede ser que algunos de vosotros tengáis que iros a otro país buscando algo que en el vuestro no hay. Debajo os dejo la letra. Un abrazo.

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“Ponte en mi piel”

Esta mañana me levanté llorando, llorando porque al fin he visto claro, que en mi casa no tengo nada, no quiero irme, pero tengo hambre, no tengo mas opción, he de marcharme… Me voy…

(Chojín)
Hoy soy feliz porque un Dios me da otra oportunidad,
voy a un nuevo lugar en donde volver a empezar,
como maleta mis brazos, mis piernas y mi cabeza,
que ya empieza a añorar mi tierra,
detrás el mar, delante la libertad,
tan sólo quiero encontrar lo que no hay en mi hogar,
enfrentarse a un nuevo mundo es duro,
pero es más duro no tener futuro,
y ver como no puedes dar pan a los tuyos,
nunca tuve nada que fuera mío,
ni siquiera la certeza de comer,
y en vuestros cines me dijisteis que esta era la tierra del pan y la miel,
así que, ¿que iba hacer? Ponte en mi piel.

(Estribillo)
¿Qué más podía hacer? Tuve que marchar…
¿Qué más podía hacer? Buscaba dignidad…
¿Qué más podía hacer? No fue fácil…
¿Qué más podía hacer? Ponte en mi piel…

(Kraze Negroze)
Mis sueños decidieron la gloria, sin céntimos,
la ilusión de llegar a mañana sin ánimos,
la miseria soportable en compañía,
ayer pude ver como la bandera de la paz se desteñía,
y aún puedo ver a mi madre fingir tener comida en la cocina,
en algunas partes del mundo el dolor es rutina…
¿Porqué mi piel? Dame la miel,
si lo examinas,
esquivamos charcos, al otro lado salí esquivando minas,
a la orilla del mar donde se ahogó mi padre,
la luz del faro confirma el éxodo de la tierra madre,
pasea conmigo por calle de la amargura,
y verás grandes valores llamados ilegales hechos miniatura.

(Estribillo)

(Meko)
Ponte en mi piel, ¿dime, te sientes bien?
Ponte en mi piel, con tus vecinos ¿que tal?
Ponte en mi piel, y con tus suegros ¿ah, todo sigue igual?
¿todo sigue igual?
¿Crees que es fácil esquivar nacionales? (¿lo crees?)
¿Sabes lo chungo que estás si no tienes papeles?
¿Crees que exijo demasiado cuando pido a un policía que me trate de usted?
¿De veras lo crees?
Dime abuela, tu que estás entre ellas,
¿cuál de todas las estrellas que brillan es la buena?
¿Cómo puedo hacerles entender
que la naturaleza es un DJ sobre una mesa de mezclas,
(el viaje duele) Dime cómo…
(ponte en mi piel)

(Chojín)
Las pateras no son sólo noticias que ves en la tele…
¿Hay historias detrás sabes?
El viaje duele, es 995, ponte en mi piel.

(Estribillo)